El injerto de piel es un procedimiento quirúrgico en el cual se trasplanta una porción de piel de un área a otra. Con frecuencia, se toma la piel de áreas no afectadas en la persona lesionada y se utiliza para cubrir un defecto, casi siempre una quemadura.

Se mide la herida, se traza el formato y luego se marca el sitio donante. El tejido donante se extrae con un bisturí o una máquina recolectora especial llamada dermatoma, y se cierra el sitio donante con suturas, si se emplea un injerto que no sea de grosor dividido. El injerto se coloca en la zona dañada y se sujeta con puntos o grapas.  En 36 horas, empiezan a crecer nuevos vasos sanguíneos y entonces crecerán nuevas células del injerto para cubrir el área dañada con nueva piel.